Cuenta cuentos

La tradición oral se transforma en los últimos 20 años en España. A mediados de los noventa surge en Madrid diferentes grupos de cuentacuentos que narran historias en cafés tan populares como el Café Libertad 8, el Otoño, Sotomesa, la flauta mágica.

Por estas épocas aparece en Guadalajara una convocatoria anual conocida como el Maratón de los cuentos, donde a mediados de junio se congregan grandes y pequeños, cuenteros de reconocido prestigio y abuelas y abuelos que mantienen la tradición de la narración oral que les transmitieron sus mayores, bebiendo de las fuentes de la tertulia campesina, esa comunidad de aprendizaje que surgió al calor de la lumbre, en las noches de invierno y que fue capaz de preparar a los adultos de una época donde la escuela terminaba en el mejor de los casos a los 12 años.

De todo ello, he sido partícipe. Mis abuelos y tíos, así como mi madre que escuchaba en los años 50 a Matilde Vilariño en la radio, me contaron hasta la saciedad los cuentos de una época anterior a la modernidad.

En 1996 recibí clases con Mercedes Carrión y consolidamos un grupo de cuentacuentos que participó de forma habitual en las noches de Madrid de cuento y en Guadalajara, Evohé, Evohé.

De todo aquello y de mi formación actoral en la RESAD (Real Escuela de Arte Dramático) proceden mis conocimientos escénicos y mis estudios sobre la narración oral.

Fue importante también la realización de un taller sobre la cultura oral en España impartido por Antonio R. Almódovar en Fuentetaja.

El resto es docencia.

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